miércoles, 7 de septiembre de 2022


 Trabajo Práctico de escritura

-En grupo de 3 estudiantes. 

Consignas de trabajo

1- Leer los textos que se adjuntan en los siguientes links

https://www.clarin.com/sociedad/virus-sincicial-respiratorio-anuncian-resultados-positivos-vacuna-ensaya-argentina_0_eL7LSbRuha.html

https://www.infobae.com/salud/2022/08/31/por-que-los-que-padecieron-covid-tienen-un-mayor-riesgo-de-desarrollar-miocarditis/

2- Elaborar un Texto de Divulgación Científica que contenga: 

#Introducción: se presenta el tema.

#Desarrollo: explicación del tema, en la que deben agregar una definición, un ejemplo, y una reformulación. 

#Conclusión: Cierre del tema. 

3-Agregar imágenes que funcionen como paratexto, resaltar en palabras en negrita, etc. 

4-Delimitar la trama textual que atravesará el texto. 

5-Realizar un resumen del trabajo en 400 palabras. 

6-Graficar la información en el programa CANVA y luego publicarlo en el Blog. 

7-Redactar el texto con tipo de letra TIMES NEW ROMAN, Tamaño 12, Justificado. 

8- El trabajo debe contener como mínimo 4 hojas incluidas las imágenes. 

9- Deben seleccionar un coordinador que subirá el trabajo al blog y el resto deberán enviarlo al correo electrónico sandrahauch@hotmail.com 

Buena suerte y a trabajar!!!!

martes, 28 de febrero de 2012

Trabajo para la etapa de diagnóstico

Actividades 1- Leer el texto “El concepto de literatura” 2- Subrayar las ideas más importantes. 3- Titular los párrafos. 4- Buscar el significado de las palabras desconocidas y anotar en la carpeta. 5- Explicar cuál es el problema que presenta el texto con respecto a la palabra literatura. ¿A qué se debe dicho problema? 6- En pocas palabras sintetizar las ideas sobre literatura que el texto presenta. 7- Recopilar los conceptos de literatura trabajados en años anteriores y unirlas con lo que el texto aporta. Redactar un texto final para plasmar todas las ideas. 8- Socializar todas las consignas. El concepto de literatura Qué es la literatura es una pregunta que atraviesa buena parte de la producción teórica y crítica de las últimas décadas, como así también el campo de la producción literaria. Tal es el caso de ciertos textos de ficción en los que es posible encontrar reflexiones sobre la literatura, como la novela Respiración artificial de Ricardo Piglia. Los reportajes a escritores también suelen ser una fuente metatextual interesante para observar diferentes posiciones frente a la pregunta por el concepto de literatura. La teoría literaria moderna, desde el formalismo ruso en adelante, ha conceptualizado esta pregunta como el problema de la especificidad literaria y ha dado diferentes respuestas que se podrían esquematizar de la siguiente manera: por un lado, se encuentran aquellas definiciones que buscan en la literatura algo esencial, un valor intrínseco, que perdura en el tiempo y que permite afirmar, por ejemplo, que determinado texto es una "bella obra literaria" o que es un clásico; otro tipo de definiciones caracterizarían a la literatura a partir de algunas "marcas" formales (estructurales, léxicas, temáticas, etc.) que darían cuenta de su especificidad. Esta discusión puede enriquecerse a partir de la introducción de otras perspectivas. Desde una mirada sociológica, interesa rescatar la noción de "institución literaria", en la que se incluyen distintas instituciones y actores que cumplen una función (fundamental) y que detentan un poder específico en el momento de definir qué es la literatura. La universidad, los editores, la crítica literaria académica y periodística, los suplementos culturales de los diarios y las revistas literarias son instituciones especializadas que cumplen una función central en las decisiones sobre qué es y qué no es literatura: incluyen y excluyen textos, realizan una tarea, en muchos casos, explícita o implícitamente valorativa y proponen también un modo de interpretar los textos. Se dice que es literatura: 1. Se comprende bajo el nombre de "literatura" la reunión de obras en prosa y verso. Esta palabra significaba primitivamente el alfabeto y el arte de dibujar las letras. Se aplicó también a la gramática propiamente dicha y después a los conocimientos literarios en general. Finalmente, y por excelencia, a las obras literarias de las que debe honrarse una nación. 2. Obra literaria es una ordenada serie de pensamientos, expresados por medio del lenguaje, y dirigida a un fin, que en último resultado nunca debe ser otro que el bien de la especie humana. 3. La literatura se define esencialmente en términos de lo que alguna clase social y algunas instituciones (las escuelas, las universidades, los libros de texto, los críticos, etc.) llamen y decidan usar como literatura. 4. Literatura es todo lo que se lee como tal. En la problematización acerca de qué se considera que es o no es literatura se encuentra la clave de toda reflexión dentro del aula sobre la obra literaria: preguntarse por qué es literatura es ya una forma compleja de hablar sobre la literatura. Porque la misma pregunta dispara formas del decir sobre la literatura. Desde la concepción de los románticos sobre la literatura como "las bellas letras", pasando por las excepción o el desvío a la norma que sugieren los formalistas rusos, hasta la visión del estructuralismo que la percibe como un decálogo de funciones; todas son discusiones que, en definitiva, denuncian que no hay una sola definición de qué es la literatura. Como afirma el crítico inglés Terry Eagleton: "Cualquier cosa puede ser literatura, y cualquier cosa que inalterable e incuestionablemente se considera literatura -Shakespeare, pongamos por caso- puede dejar de ser literatura" . Delimitadas por los gustos de cada época, los avatares del mercado, las disputas del campo intelectual y literario; la respuesta a la pregunta por qué es literatura fluctúa y produce una incertidumbre enriquecedora en la discusión de la clase. "Literatura" es un concepto polisémico, fuertemente dependiente de la Historia misma. Y es que, aunque comenzó como "instrucción" (el vocablo literatura es un derivado erudito del término latino "litteratura") y designaba el concomimiento en el arte de escribir, leer o erudición en general, ha variado y variará con el paso de los siglos y sus nuevos enfoques culturales. Pasando por la concepción renacentista de la literatura como ciencia en general, llegamos a la aplicación del término, en la segunda mitad del siglo XVIII, a una actividad específica del saber y a la producción resultante de ésta. A finales del mismo siglo, ya se asocia al conjunto de obras literarias de un país, pasando a hablarse de literatura francesa, inglesa, etc. Más adelante se la asocian nuevas acepciones que, en conjunto, no son más que criterios distintos de clasificación o de valoración del término: expresiones como literatura de terror, de evasión, de amor, literatura del siglo XVIII, literatura romántica, o, en sentido más bibliográfico, usos como "sobre el Barroco hay abundante literatura", o bien, por elipsis, se usa "literatura" en vez de "historia de la literatura". En la época positivista, la literatura se identificaba con cualquier texto, documento, impreso o manuscrito, de la índole que fuera. La polémica sobre la inclusión o no de la producción de carácter más didáctico en el concepto de literatura, depende de si se aplica o no el criterio de estética-arte que empezó a funcionar con la llegada del Romanticismo y su rico mundo interior. Hoy sigue sin ser unívoco, utilizándose cualquiera de sus variadas acepciones según el criterio escogido. Intentando buscar una definición lo más objetiva posible, que de algún modo incluya todas las acepciones posibles, buscaré refugio en la Lingüística. Al fin y al cabo, lengua y literatura son inseparables. Así, se puede considerar la literatura como una forma artística de comunicación, mediante la cual un autor expresa ideas y/o sentimientos con una finalidad concreta que depende de su intencionalidad. Es una forma de comunicación en tanto que precisa de los elementos ordinarios de toda comunicación (emisor, receptor, canal, contexto, código y mensaje), y es artística porque es creativa. De esta forma, dotando a la lengua de esta cualidad artística, se puede ampliar enormemente el espectro de posibilidades lingüísticas. Definir literatura, debe pues, a mi modo de ver, realizarse en función de su doble naturaleza comunicativa y artística, que, a diferencia de la meramente comunicativa, la dota de una serie de nuevas cualidades que la distinguen y, en consecuencia, definen: Connotación. La literatura es fuertemente connotativa, es decir, se basa en reglas del mundo real, pero sin denotarlo. El verbo en literatura no se agota intelectualmente, ampliándose, connotándose por emociones o sentimientos del autor. Ambigüedad. Aunque el término puede sonar un tanto despectivo a los amantes de la literatura, cuando William Empson lo utilizó para definirla, se refería a ambigüedad en sentido de oposición a la literalidad. Plurisignificación. Sin duda, el término que mejor define la literatura es el introducido por Philip Wheelwright, para resaltar las múltiples dimensiones semánticas que encierra la literatura, en contra del discurso lógico, político, etc, que son monosignificativos. La literatura, consiste pues, en una potenciación de los valores semánticos de los signos lingüísticos que componen una lengua. La literatura nace de estos valores materiales (literales) de los signos lingüísticos, lo que sucede es que luego, signos con valores literales potencialmente distintos, se combinan para formar un nuevo valor que trasciende la literalidad de conjunto, "creándose" una realidad nueva, una semántica nueva que en realidad viene a ser el fundamento del concepto de arte. Es un lenguaje usual que origina un lenguaje literario a través de la acción de ciertas fórmulas que se han dado en llamar figuras o recursos estilísticos(símbolos, metáforas, inversiones, paralelismos, repeticiones, etc). 9- Leer “La importancia de la literatura” 10- Justificar el tipo de texto, marcar la estructura y los recursos. 11- ¿Sobre qué nos trata de convencer el texto? 12- Anotar de manera sintética todos los argumentos del texto. Tomar dos o tres de ellos y justificar si estás de acuerdo o no con lo que se manifiesta. 13- Redactar tu experiencia lectora con los libros y la literatura. Para ello tener en cuenta: primer acercamiento a los libros y la lectura, tipos de lectura que realizaron y aun realizan, preferencias lectoras, importancia de la lectura en sus vidas, cantidad de libros leídos, especificar si fueron por motivación propia, recomendación, obligación, etc. 14- Socializar las consignas. Importancia de la literatura ¿Qué es la literatura? Una manera de ver, sentir, captar y disponer palabras a fines estéticos. El escritor que plasma ideas usa vocablos, se sitúa en un espacio y un tiempo, habla de sí y de los demás, consciente e inconscientemente. Pertenece a una cultura cuyos elementos expone a un lector cercano o distante. Estudiar literatura puede ser una oportunidad para enseñar historia, geografía, ideas, maneras de entender el mundo y sobre todo modos correctísimos, útiles, a la hora de formular sentires y pensamientos. ¿Qué es la literatura ? Antony Burgess la define como « la exploración estética de la palabra ». Y, ¿para qué sirve? Para nada dicen los más atrevidos. Los literatos dan respuestas divergentes. La literatura puede servir parar enseñar idiomas. En sus ensayos, sus relatos, sus poemas, la literatura habla de antropología, sicología, historia...,etc. Más allá de las preferencias, hay algo concreto:la literatura es importante a lo largo de la vida. Tiene importancia en el desarrollo del niño, en la adolescencia, en la adultez y en la vejez. Los especialistas no dudan en enumerar diversos motivos que certifican esta cuestión. La literatura nos propone textos varios que nos dan una idea de las creencias, las sensibilidades de los distintos pueblos que constituyeron y siguen constituyendo lo que hoy se llama América Latina. Pocos se animarían a afirmar que la literatura no tiene importancia en el desarrollo de las personas o de la sociedad en general. Sin embargo, la realidad muestra que la lectura es una actividad relegada a la hora del ocio, al menos para una gran cantidad de gente. La televisión o los videojuegos, por ejemplo, pueden resultar más atractivos. Lo primero que hay que tener en cuenta es que la lectura es un hábito. Por lo tanto, se trata de un aprendizaje que se incorpora a nuestro comportamiento. De allí la necesidad de acercar la literatura a los estudiantes, primero leyéndoles y luego acercándoles sus primeros libros para que puedan leer por su cuenta. La literatura puede ser divertida, y eso es lo que tiene que saber un adolescente. La imaginación es ilimitada y abre la puerta a un mundo de juegos y fantasías. En la adolescencia, la literatura mantiene su valor. No hay que olvidar que los libros son la memoria de la humanidad y el archivo más grande que existe de las ideas y emociones humanas. Por eso, la literatura es imprescindible para la maduración personal e intelectual de los jóvenes. En esta etapa de la vida, es cuando se consolida el hábito lector y donde las personas comienzan a desarrollar el sentido crítico. Los textos permiten conocer otras formas de pensar, en un proceso dialéctico que termina por forjar la propia identidad del joven. Los adultos y los ancianos tampoco deben descartar a la literatura. Aunque no se trata de algo utilitario, la literatura nunca deja de ser productiva. Genera conocimientos y promueve la reflexión, logrando que uno se piense a sí mismo y se plantee su relación con los demás. Ahora bien, para que la literatura sea realmente importante es necesario hablar del libro. El libro se presenta en primera instancia como un portal a la sabiduría, pero lo más importante, citando a Eliseo Verón*, “como modalidad de relación mediatizada con el mundo (…) El libro es ante todo un lugar, un espacio en el que se puede entrar y salir”. Sabiduría, sí, pero también relajación, goce y estimulación de la creatividad Los textos literarios pueden resultar algo tedioso, pero también enriquecedores, y si bien requieren de un ritual especifico, como una mayor concentración de todas las facultades cognitivas (aunque sea forzadas), también puede resultar agradables si disponemos de lo necesario para hacer de la lectura un momento de disfrute. En la mayoría de los casos, el silencio es el mejor acompañante, pero existen quienes se concentran mejor acompañados de música, café, tabaco, otros lectores, etc Desde que desapareció la oralización que permitía la lectura en voz alta y se generalizó la lectura en silencio con los ojos, ésta se transformó irreversiblemente en un proceso individual de apropiación del sentido. Recordando un texto, trayendo a la mente el libro que tuvo una vez entre las manos, el lector puede convertirse en libro del que tanto él como otros pueden leer. Este atributo de la lectura, que permite al lector relacionarse con un texto no sólo gracias a la lectura atenta de sus palabras sino gracias a su asimilación, hasta convertirlas en parte de sí mismo, no siempre fue considerado una ventaja. De hecho, la lectura privada llegó a establecerse en tiempos de Aristóteles, quien reunió para su uso personal una de las primeras colecciones importantes de manuscritos, pero la lectura en silencio se generalizó en el siglo XV junto al nacimiento de la imprenta de caracteres móviles. En el siglo V San Agustín se sorprende de que Ambrosio, obispo de Milán, lea en silencio (o en voz muy baja, según otras traducciones) en una época en que lo corriente era la lectura en voz alta. Luego sugirió una nueva manera de leer: tomar una idea, una frase, una imagen, enlazándola con otra sacada de un texto distinto retenido en la memoria, ligando el todo con reflexiones propias, para producir así, de hecho, un nuevo texto cuyo autor es el lector. Muchos siglos después Santo Tomás de Aquino elabora una serie de reglas para los lectores: colocar las cosas que se quería recordar en un orden determinado, desarrollar “afecto” hacia ellas, transformarlas en “semejanzas inusuales” que facilitaran su visualización y repetirlas con frecuencia. Para los antepasados el temor a perder un texto memorizado estaba únicamente ligado al deterioro de la edad. Esto me trae a la mente la obra Farenheit 451 de Ray Bradbury, que muestra una sociedad donde los libros están prohibidos y son quemados, mientras los rebeldes, para salvar aquel acervo de conocimiento y arte, memorizan las obras. Los rituales de lectura ayudan a la concentración y a la memoria, pues la asociación de un momento placentero con el ingreso de nuevos datos da resultados positivos. Pero cuando llega la hora de la ficción, la imaginación del lector se pone en marcha para darle colores, aromas y emociones a las palabras ajenas grabadas en el papel. Nada mejor que una relajante tarde de primavera con un libro en las manos, sentado frente al mar o en un parque. O un día frío de lluvia, relajado en casa junto a una taza de café y compañía imaginaria. Aquí, los sentidos se estimulan y entra en funcionamiento la capacidad creativa de cada lector para darle a libro vida visible sólo antes los ojos de la mente y el corazón. La magia de un libro radica en su carácter desestructurante, es decir, uno puede elegir libremente donde entrar y cuánto salir, y es en el reconocimiento donde el lector produce la individuación del sentido. Un buen ejemplo son lasmarcas de lectura, los subrayados y anotaciones. La lectura de los libros interviene en la biografía de cada uno y esto se aplica tanto en los libros de conocimiento como de literatura. El recuerdo de las lecturas es como el álbum de fotos de familia, salvo que no constituye una memoria familiar sino estrictamente individual. Existe un ejercicio común que puede resultar entretenido: coger un libro que uno haya leído hace un tiempo y ver las marcas personales, una frase, una oración, un párrafo resaltado. Esto nos dice mucho sobre nosotros mismo, qué sucedía en nuestras mentes y en nuestros corazones para haber destacado aquel fragmento escrito. Si el mismo libro es releído mucho tiempo después, uno se sorprende de resaltar otros fragmentos, pues la lectura y apropiación de sentido está íntimamente ligado con nuestro presente. Así vemos como un texto invita a múltiples lecturas. Si el libro aún sobrevive en esta era tecnológica es porque tiene una particular importancia, y es que la lectura, irremediablemente, es una aventura individual. Entonces, libro, lectura y literatura son elementos necesarios a la hora de desarrollarnos como personas críticas, íntegras y plenas en sabiduría y conceptos. Es necesario, que no dejemos de lado la lectura y la literatura para que de esta manera podamos tener en nuestras manos todas las herramientas necesarias a la hora de enfrentar las adversidades de la sociedad de manera pacífica. Solo así, comenzaremos a construir un mundo mejor.

Trabajo para la etapa de diagnóstico

Actividades 1- Observar las imágenes 1, 2, 3 y 4. 2- Analizar por escrito qué es lo que se ve en cada una de ellas. 3- Explicar cuáles son los elementos que favorece y desfavorece la comunicación en las situaciones planteadas.
4- En las siguientes imágenes (5 y 6) argumentar si es posible hablar de comunicación.
5- Luego de analizar los dibujos y teniendo en cuenta los conocimientos de años anteriores, redacta un concepto de comunicación. 6- Leer los textos “La informatización de la sociedad” y “La tercera ola” . 7- En pocos renglones, anotar las ideas más relevantes de cada texto. 8- ¿En qué puntos coinciden y en cuáles no, entre las posturas de Toffler y el informe de Nora Minc? Anotar. 9- ¿Crees que la tecnología sufre efectos discriminatorios en la sociedad? ¿Por qué? Menciona ejemplos que fundamente tu respuesta. 10- Elaboren un texto en el que anoten situaciones de la vida cotidiana en el que las nuevas tecnologías estrechan los lazos sociales y en cuáles, por el contrario, profundizan la brecha entre los distintos sectores sociales. 11- Socializar las respuestas. La informatización de la sociedad En diciembre de 1976, el presidente de Francia, Vale Giscard d’Estaing, solicitó al inspector general de Finanzas, Simon Nora, un informe acerca de los cambios en las relaciones sociales que ya entonces comenzaba a generar la utilización cada vez más extendida de las computadoras. Nora realizó la investigación junto con Alain Minc y en 1978 publicaron un informe titulado La informatización de la sociedad, donde expusieron las opciones y los conflictos, así como los aspectos organizativos, comerciales y sociales de la utilización de las nuevas tecnologías. (…)Puesto que, desde hace un siglo, las transformaciones más espectaculares tienen bases técnicas existe la facilidad de proyectar un futuro regido por la tecnología. En nuestros días, esta tentación se proyecta hacia la telemática y se expresa en fantasmas contradictorios. Los pesimistas señalan los riesgos: aumento del paro, rigideces sociales, trivialización do las actividades. Para ellos, la informática consagraría el carácter impersonal y repetitivo de los trabajos y la descalificación de los empleos. Consolidaría la pesadez y la jerarquía de las organizaciones. Reforzaría toda la omnipotencia de los preparados automatizando a los demás. Solamente subsistirían los informatistas y los informatizados, los utilizadores y los utilizados. La máquina ya no sería solamente un ordenador, un instrumento de cálculo, de memoria y de comunicación, sino un dador de órdenes misterioso y anónimo. La sociedad se volvería opaca en sí misma y para los individuos que la componen, pero peligrosamente transparente, en detrimento de la libertad de los ciudadanos (…) Los optimistas, por el contrario, creen que los milagros están al alcance de la mano: informática igual a información, información igual a cultura y cultura igual a emancipación y democracia. Todo lo que acreciente las posibilidades de la información facilita un diálogo más abierto y personal, una mayor participación, un aumento de las responsabilidades jodí viduales, una mayor resistencia de los débiles y ‘pequeños’ a las usurpaciones del ‘Estado Loviatán’ o de los prepotentes económicos y sociales. Tanto la pesadilla como el sueño tienen el mérito de plantear la misma pregunta. ¿Es que acaso nos encaminaremos, sean cuales fueren las apariencias y los pretextos, hacia unas sociedades que aplicarán técnicas nuevas para reforzar los mecanismos de rigidez, de autoridad y de dominio? O, por el contrario, ¿podremos ampliar la adaptabilidad, la libertad y la comunicación, de suerte que cada ciudadano y cada grupo las asuman de manera más responsable? En realidad, ninguna tecnología, por innovadora que sea, acarrea a la larga consecuencias fatales. Sus efectos son dominados por la evolución de la sociedad más de lo que la constriñen (…) ¿Constituirá la generalización del lenguaje informatizado un factor de emancipación o, por el contrario, agudizará las diferencias? No influirá de la misma manera en cada uno de los usuarios. Indudablemente, no dejará de perfeccionarse ni de elaborar diálogos cada vez más elaborados. Pero su propagación por las diversas categorías sociales no será uniforme, porque éstas manifestarán una resistencia desigual ante la introducción de un lenguaje codificador y escueto. La permeabilidad de aquéllas dependerá de su nivel cultural pero como éste no es parejo, la telemática surtirá efectos discriminatorios. Simon Nora y Alain Min. (1981). La informatización de la sociedad. México. FCE. La tercera ola Alvin Toffler escribió un libro titulado La tercera ola en el que analizó los diversos aspectos de la nueva sociedad que se estaba gestando a partir de las transformaciones económicas, políticas, sociales. Él mismo sostiene en su libro: “Es tan profundamente revolucionaria esta nueva civilización, que constituye un reto a todo lo que hasta ahora dábamos por sentado. [...] El mundo que está rápidamente emergiendo del choque de nuevos valores y tecnologías, nuevas relaciones geopolíticas, nuevos estilos de vida y modos de comunicación, exige ideas y analogías, clasificaciones y conceptos completamente nuevos. (…) Así, pues, a medida que la descripción de esta extraña nueva civilización vaya desplegándose en estas páginas, encontraremos razones para desafiar el elegante pesimismo que tanto predomina hoy”. En el siguiente fragmento Toffler expone su opinión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación: “Es ingenuo y simplista el temor popular de que los computadores y las telecomunicaciones nos priven del contado directo y hagan más distantes, y de segundo grado las relaciones humanas. De hecho, y puede muy bien que sea lo contrario lo que ocurra. Si bien podrían atenuarse las relaciones de fábrica o de oficina, los lazos del hogar o de la comunidad, podrían muy bien resultar fortalecidos mediante estas nuevas tecnologías. Los computadores y las telecomunicaciones pueden ayudarnos a crear comunidad.(…) Para una tímida o inválida, incapaz de salir de casa o temerosa de enfrentarse cara a cara con la gente, la emergente infosfera hará posible un interactivo contacto-electrónico con otros que comparten intereses similares—jugadores de ajedrez, coleccionistas de sellos, amantes de la poesía o aficionados a los deportes—son los que se podrían comunicar instantáneamente de un extremo a otro del país (…) En resumen, mientras construimos una civilización de la tercera ola, hay muchas cosas que podemos hacer para mantener y enriquecer, más que destruir, la comunidad (…) Mediante el empleo de computadores, telecomunicaciones, avanzadas y métodos de encuesta, resulta sencillo no solo seleccionar una muestra del público, sino también mantener esa muestra actualizada y suministrarle una información puntual sobre las cuestiones a tratar. Cuando se necesitara una ley todo el conjunto de representantes elegidos tradicionalmente (…) podría deliberar y discutir, enmendar y estructurar la legislación. Pero cuando llegara el momento de la decisión, los representantes elegidos depositarían sólo el 50% de los votos, mientras que la muestra de personas elegidas al azar —que no estarían en la capital, sino que se encontrarían geográficamente dispersas en sus propios hogares o despachos— depositarían electrónicamente el 50% restante. (...) Las permutaciones que permiten las nuevas tecnologías de telecomunicación son infinitas y extraordinarias. Una vez que comprendemos que nuestras actuales instituciones políticas y constitucionales se han quedado anticuadas y empezamos a buscar alternativas, se abren súbitamente ante nosotros toda clase de sorprendentes opciones políticas que nunca antes habían sido posibles. (…) Necesitamos conferencias, programas de televisión, discusiones, ejercicios de simulación, convenciones constitucionales ficticias para generar el más amplio despliegue de imaginativas propuestas dirigidas a la reestructuración política, a hacer brotar un torrente de ideas nuevas. Debemos estar preparados para utilizar las herramientas más avanzadas a nuestro alcance: desde satélites y computadores, hasta videodiscos y televisión interactiva.” Alvin Toffler. (1980)La tercera ola. Barcelona, Plaza y Janés.

domingo, 2 de octubre de 2011

Eduardo López

La era de la incomunicación

Domingo, 15 de Febrero de 2009 - Publicado en la Edición Impresa (norte)

La escena en un resto-bar pasado el mediodía, en una jornada de este tórrido verano. Una pareja ingresa para reponer fuerzas. Ambos entre 40 y 50 años. Ordenan un frugal almuerzo y, casi mecánicamente, cada uno toma un diario, de esos que están a disposición de los clientes, y se enfrascan en su lectura, sin intercambiar palabras.
Casi al mismo tiempo ingresa al lugar otra pareja. Son jóvenes, entre 20 y 25 años. Hacen su pedido a la moza e inician, cada uno con su teléfono celular, un frenético intercambio de mensajitos de texto con interlocutores distantes.
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Promedian las vacaciones y el niño, a punto de cumplir diez años, se le queja a la madre en horas de la tarde: “Mamá estoy aburrido” y echa una mirada desdeñosa a la computadora, el televisor, el reproductor de CD, el teléfono móvil, auriculares, audífonos, controles a discreción y múltiples juegos electrónicos.
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Es la hora de la siesta. En un desvencijado carrito tirado por escuálido caballo van tres pequeños. Ninguno debe tener más de diez años. Uno de ellos, quizás el menor, pilotea el transporte, lleno de papeles y otras cosas juntadas en la calle. Otros dos acompañan. Todos ríen a carcajadas, señal de que para nada están invadidos por el tedio. Uno, con una honda, tira a los pájaros que están en los árboles que sombrean la céntrica avenida. A despecho de sus ropas pobres y sucias, de sus pies descalzos y de sus precarios juguetes, parecen vivir en el mejor de los mundos y pasarla muy bien.
Tres escenas vividas casi en simultáneo en una siesta del verano chaqueño que demuestran cómo en esta era, por antonomasia de las comunicaciones, de los adelantos tecnológicos que no tienen horizontes, los humanos estamos cada vez más incomunicados. Esa, al menos, es la sensación que se tiene cuando se ve circular por las calles o plazas o, aún manejando sus vehículos con auriculares o audífonos en los oídos, a hombres y mujeres.
Cada uno encerrado en su mundo, ocupado de tapar los escapes de las motos, las bocinas de los autos pero también negándose al cuchicheo de los pájaros, que por suerte todavía anidan en los árboles de la ciudad y de las plazas. Cada vez más medios de comunicación y cada vez más incomunicación y cada vez más trato virtual en desmedro del personal. Horas y horas de chateo, aún largas madrugadas, entre seres que no se ven, que no se escuchan (por ahora), que no se huelen, que no comparten un asado o un vaso de bebida.
¿Esto quiere decir que hay que desdeñar estos extraordinarios medios que brinda la tecnología y los que vendrán, con toda seguridad y que dejarán a todos con la boca abierta? Para nada. Los que trabajamos con la comunicación, como los periodistas, no terminamos de asombrarnos todos los días de cómo las nuevas herramientas de comunicación nos ponen al instante al mundo en nuestras manos con sólo hacer un click con el ratón. Y si esto sucede con quienes están acostumbrados al intercambio de noticias, que es de esperar de quienes no lo están.
Pasa en todos los órdenes, mientras los avances de todo tipo van por un carril donde la velocidad no tiene límites, la adecuación de los seres humanos a esos avances, apenas registran los 30 o 40 kilómetros horarios y sucede lo que inevitablemente tiene que suceder. Se malogran los efectos positivos.
¿Quién puede negar el progreso que significan los automóviles y las motocicletas, aún en el manejo de la economía familiar? Pero ni nuestras calles o rutas o nuestra trama urbana están preparadas para recibir ese aluvión de rodados, y se producen efectos no deseados, como accidentes continuos, muertes y personas que quedan mutiladas.
Imposible equilibrio
Como en todos los órdenes de la vida es imprescindible lograr equilibrio entre el uso y el abuso y eso lleva un tiempo de maduración que los seres humanos parece que no están dispuestos a transitar. Y se dan entonces esas contradicciones que muestran las escenas descriptas más arriba.
O lo que les sucede a quienes dicen tener vocación política y por ende de servicio. Creen que hacen algo, sólo cuando aparecen en los medios de comunicación, aunque no los lea, escuche o vea nadie. Se regodean en titulares, fotos, imágenes, audios sin saber si penetran o no y se convencen que hacen mucho porque aparecen en esos medios, a los que, la mayoría de las veces pagan para figurar. Y no advierten que se trata de una presencia virtual que más que comunicarlos, los incomunica con la razón de ser de su tarea, la necesidad y la calidad de vida de la gente.
Hoy los políticos han suplido el debate, la confrontación de ideas, el contacto real con los ciudadanos, el conocimiento de sus necesidades, por la realidad virtual de los medios de comunicación, que son de vital importancia, pero sólo cuando complementan la verdadera acción, esa que llega hasta a cumplir con su cometido.
A esos políticos les pasa lo que a las parejas de la escena inicial, tienen todas las herramientas en sus manos, pero viven alejados de las verdaderas realidades. Lo mismo que les pasa a nuestros hijos, cada vez con más elementos para no estar aburridos y cada más con mayor tedio. Porque falta el espíritu, ese que le da sentido a todas las cosas.
Hoy se ha perdido la valentía de decir las cosas cara a cara, de aceptar que el otro puede tener ideas y obras mejores y se reduce todo a un enfrentamiento virtual. El empeño es por buscar el necesario equilibrio entre tantos adelantos, entre tanta teoría y las mismas necesidades de siempre: las materiales de comida, salud, servicios, las del espíritu como a educación, el intercambio de ideas y de afectos, de solaz y diversión y sobre todo de una relación adulta entre los seres humanos, que lleve a compartir y comunicar esos bienes.
Si no sucede esto, los adelantos, como los de la comunicación, producirán los efectos contrarios a los que se supone que están destinados, malográndose ellos y malogrando a quienes los usan

sábado, 11 de junio de 2011

Trabajo sobre crónicas

Actividad del sobre las crónicas de indias:

























1- Observa la imagen y realiza un texto describiendo todo lo que ves en ella.

2- Realiza la lectura de la crónica “ Diario del primer viaje de Colón” y de “La otra conquista de América”

3- Realiza una síntesis de cada texto en nomás de cinco renglones.

4- Realiza un cuadro comparativo en que pongas la visión del hombre que tiene cada relato, de los nativos y los caníbales.

5- Compara el texto que hiciste al principio sobre la imagen y lo que leíste de los dos relatos. Explica diferencias y semejanzas.

Trabajo de escritura.

Redacta una crónica, al estilo de las leídas, donde te posiciones como un conquistador que está realizando un viaje y llega a una tierra supuestamente deshabitada. Agrega a tu relato dibujos que explique la historia.

viernes, 27 de mayo de 2011

Dos cuentos Italo Calvino

Dos cuentos populares italianos contados por Italo Calvino

De su monumental obra recopilatoria Cuentos populares italianos—que reúne doscientos relatos folklóricos de todas las regiones de Italia— Italo Calvino seleccionó un grupo de esos cuentos pensando en los lectores infantiles. Esta selección se distribuyó en los dos títulos que Marcela Carranza comenta en la sección “Libros recomendados” en este mismo número de Imaginaria: El Pájaro Belverde y El príncipe Cangrejo. Para que nuestros lectores puedan apreciar el valor de esta obra, presentamos “Garbancito y el buey” y “El brazo del muerto”, dos cuentos de El Pájaro Belverde, un libro publicado hace más de treinta años en Argentina y hoy lamentablemente descatalogado e inhallable.


Garbancito y el buey

Había un hojalatero que no tenía hijos. Un día su mujer estaba sola en la casa y hacía hervir unos garbanzos. Pasó una mendiga y pidió una escudilla de garbanzos como limosna.

—No es que a nosotros nos sobren los garbanzos —dijo la mujer del hojalatero—, pero donde comen dos también comen tres: aquí tiene una escudilla y apenas los garbanzos estén cocidos, le doy un cucharón lleno.

—¡Por fin encontré un alma bondadosa! —dijo la mendiga—. Mire: yo soy un hada y quiero premiarla por su generosidad. ¡Pídame lo que quiera!

—¿Qué puedo pedirle? —dijo la mujer—. El único disgusto que tengo es el de no tener hijos.

—Si no es más que eso —dijo el hada, golpeando las manos—, ¡que los garbanzos en la olla se le vuelvan hijos!

Ilustración de Emanuele Luzzati para El Pájaro Belverde.

El fuego se apagó, y de la olla, como garbanzos que hierven, saltaron afuera cien niños, pequeños como granitos de garbanzos y empezaron a gritar: —¡Mamá, tengo hambre! ¡Mamá, tengo sed! ¡Mamá, álzame en brazos!—, y a desparramarse por los cajones, las hornallas, los tarros. La mujer, asustada, se agarró la cabeza: —¿Y cómo hago ahora para sacarle el hambre a todas estas criaturas? ¡Pobre de mí! ¡Lindo premio que me dio! ¡Si antes, sin hijos, estaba triste, ahora que tengo cien estoy desesperada!

—Yo creí hacerla feliz —dijo el hada—, pero si no es así, ¡que sus hijitos vuelvan a ser garbanzos! —y golpeó otra vez las manos.

Las vocecitas no se oyeron más y en lugar de los hijitos había sólo muchos garbanzos desparramados por la cocina. La mujer, ayudada por el hada, los recogió y volvió a ponerlos en la olla; eran noventa y nueve.

—¡Qué raro! —dijo el hada—, hubiera jurado que eran cien.

Después el hada comió su escudilla de sopa, saludo y se fue.

Al quedarse a solas, la mujer sintió nuevamente una gran tristeza; sintió ganas de llorar y decía: —¡Oh, si por lo menos me hubiera quedado uno; ahora me ayudaría, y podría llevarle de comer a su padre al taller.

Entonces oyó una vocecita que decía: —¡Mamá, no llores, aún estoy yo!—. Era uno de los hijitos, que se había escondido detrás del asa de la jarra.

La mujer sintió una gran alegría: —¡Oh, querido, sal afuera! ¿cómo te llamas?

—Garbancito —dijo el niño deslizándose por la jarra y poniéndose de pie sobre la mesa.

—Muy bien mi Garbancito —dijo la mujer—, ahora tienes que ir al taller a llevarle de comer a papá—. Preparó el canasto y lo puso sobre la cabeza de Garbancito.

Garbancito comenzó a andar y se veía sólo el canasto que parecía caminar solo. Preguntó cuál era el camino a un par de personas y todas se asustaban proque creían que era un canasto que hablaba. Llegó al taller y llamó: —¡Papá, papá, ven: te traigo de comer!

Su padre pensó: “¿Quién me llama? ¡Yo no he tenido nunca hijos!” Salió y vio el canasto y debajo del canasto salía una vocecita: —Papá, levanta el canasto y me verás. Soy tu hijo Garbancito, nacido esta mañana.

Lo levantó y vio a Garbancito. —¡Muy bien, Garbancito! —dijo el padre, que era tachero—, ahora vienes conmigo, porque debo ir a recorrer las casa de los campesinos, para ver si tienen algo roto que yo pueda arreglar.

Y el papá se puso en el bolsillo a Garbancito y se encaminaron. Por el camino no hacían más que charlar y la gente veía al hombre que parecía hablar solo, y parecía estar loco.

Preguntaba en las casas: —¿Tienen algo para soldar?

—Sí, tendríamos algo —le contestaron—, pero a usted no se lo damos porque está loco.

—¿Cómo loco? Yo soy más cuerdo que todos ustedes. ¿Qué están diciendo?

—Decimos que por la calle no hace más que hablar solo.

—Pero no hablo solo. Conversaba con mi hijo.

—¿Y dónde tiene a ese hijo?

—En el bolsillo.

—¿No ve que tenemos razón? Está loco.

—Bueh, se lo muestro —y sacó del bolsillo a Garbancito montado en uno de sus dedos.

—¡Oh, qué lindo hijito! Póngalo a trabajar con nosotros, haremos que vigile al buey.

—¿Te quedarías Garbancito?

—Yo sí.

—Entonces te dejo aquí y pasaré a buscarte esta noche.

A Garbancito lo montaron sobre el cuerno de un buey y parecía que el buey estaba solo allí, en medio del campo. Pasaron dos ladrones y viendo el buey sin custodia lo quisieron robar. Pero Garbancito se puso a gritar:

—¡Patrón! ¡Venga, patrón!

Corrió el campesino y los ladrones le preguntaron: —Diga, señor, ¿de dónde sale esa voz?

—Ah —dijo el patrón—. Es Garbancito. ¿No lo ven? Está ahí, sobre un cuerno del buey.

Los ladrones miraron a Garbancito y dijeron al campesino: —Si nos lo presta por unos días, lo haremos rico— y el campesino lo dejó ir con los ladrones.

Ilustración de Emanuele Luzzati para El Pájaro Belverde

Con Garbancito en el bolsillo, los ladrones fueron a la caballeriza del Rey, para robar caballos. La caballeriza estaba cerrada, pero Garbancito pasó por el agujero de la cerradura, abrió, fue a desatar los caballos y pudo escaparse con ellos, escondido en la oreja de un caballo. Los ladrones estaban afuera esperándolo, montaron los caballos y galoparon hacia la casa.

Una vez llegados dijeron a Garbancito: —¡Oye, estamos cansados y vamos a dormir! ¡Dale de comer a los caballos!

Garbancito comenzó a ponerles los morrales a los caballos, pero se caía de sueño y terminó por quedarse dormido dentro de un morral. El caballo no se dio cuenta y se comió a Garbancito junto con la cebada.

Los ladrones, cuando vieron que no volvía, bajaron a buscarlo en la caballeriza. —Garbancito, ¿dónde estás?

—Estoy aquí —respondió una vocecita—, estoy en la panza de un caballo.

—¿Qué caballo?

—El que está aquí.

Los ladrones destriparon un caballo, pero a Gargancito no lo encontraron.

—No es éste.

—¿En qué caballo estás?

—En éste —y los ladrones destriparon otro.

De ese modo continuaron destripando un caballo después de otro, hasta que los mataron a todos, pero a Garbancito no lo encontraron. Se habían cansado y dijeron: —¡Lástima! ¡Lo perdimos! ¡Y pensar que nos venía tan bien! ¡Además perdimos todos los caballos!—. Tomaron las carroñas, las tiraron en un prado y fueron a dormir.

Pasó un lobo hambriento, vio a los caballos destripados y se hizo una comilona. Garbancito seguía aún escondido en la panza de un caballo, y el lobo se lo tragó. Así que se quedó en la panza del lobo y cuando el lobo volvió a tener hambre y se acercó a una cabra atada en un campo, Garbancito, desde allá adentro, se puso a gritar: ¡Al lobo! ¡Al lobo!, hasta que llegó el dueño de la cabra e hizo escapar al lobo.

El lobo dijo: “¿Qué me pasa que me salen estas voces? Debo tener la panza llena de aire”, e intentó sacar afuera el aire.

“Bien, ya debería habérseme ido”, pensó. “Iré a comerme una oveja.”

Pero cuando estuvo cerca del redil de la oveja, Garbancito, desde aquella panza, comenzó a gritar: —¡Al lobo! ¡Al lobo!—, hasta despertar al dueño de la oveja.

El lobo estaba preocupado. “Aún tengo ese aire en la barriga que me hace hacer esos ruidos”, y volvió a intentar sacarlo afuera. Disparó aire una vez, dos veces, a la tercera salió también Garbancito y corrio a esconderse en una mata. El lobo, sintiéndose liberado, volvió hacia el redil.

Pasaron tres ladrones y se pusieron a contar el dinero robado. Uno de los ladrones comenzó a contar: —Uno dos tres cuatro cinco…—. Y Garbancito, desde la mata, le hacía burla: —Uno dos tres cuatro cinco…

—¿Así que no te quieres callar? —dijo el ladrón a uno de los compañeros—. Ahora te mato.

Y lo mató. Y al otro: —Si te interesa terminar como él, ya sabes cómo hacer… —Y recomienza. —Uno dos tres cuatro cinco…

—Y Garbancito repite: —Uno dos tres cuatro cinco…

—No soy yo el que habla —dijo el otro ladrón—, te juro, no soy yo…

—¡Quieres hacerte el vivo conmigo! ¡Yo te mato! —Y lo mató. —Ahora estoy solo —dijo para sí—, puedo contar el dinero en paz y guardármelo todo para mí. Uno dos tres cuatro cinco…

Y Garbancito: —Uno dos tres cuatro cinco…

Al ladrón se le pusieron los pelos de punta: —Aquí hay alguien escondido. Es mejor que me escape. —Escapó, y dejó allí el dinero.

Garbancito con la bolsa del dinero sobre la cabeza volvió a su casa y golpeó la puerta. Su madre abrió y vio sólo la bolsa del dinero.

—¡Es Garbancito! —dijo. Levantó la bolsa, debajo estaba su hijo y lo abrazó.


El brazo de muerto

Había un muchacho alto y grandote que no tenía miedo a nada. Dijo a su padre: —Querido padre, quiero ir por el mundo a intentar fortuna—. El padre le dio su bendición y el muchacho se fue.

Llegó a una gran ciudad donde los muros de las casas estaban tapizados de telas negras y la gente vestía de luto y también las carrozas y los caballos estaban de luto. —¿Sucedió algo?— preguntó a uno que pasaba, y éste sollozando le dijo: —Mire: cerca de aquella montaña hay un castillo negro, habitado por brujos, y estos brujos quieren que todos los días se les envíe una criatura humana, que entra en el castillo y no vuelve más. Antes quisieron a las muchachas, y el Rey tuvo que enviar a todas las mucamas y las cocineras y las tejedoras y las planchadoras; después a todas las damiselas de la corte y a todas las damas, y hace pocos días también a su única hija. Y ninguna de ellas volvió. Ahora el Rey está enviando a los soldados, de a tres, para ver si se pueden defender, pero nadie vuelve. ¡Oh! Si alguien lograra liberarnos de los brujos, sería dueño de la ciudad.

—Quiero probar yo —dijo el joven, y de inmediato se hizo presentar al Rey. —Majestad, quiero ir yo solo al castillo—. El Rey lo miró fijo: —Si lo logras —le dijo—, y liberas a mi hija, te la doy por esposa y heredarás mi Reino. Basta que tú consigas pasar tres noches en el castillo para que el hechizo se rompa y los brujos desaparezcan.

En los merlones del castillo hay un cañón. Si mañana por la mañana aún estás vivo, dispara un tiro, pasado mañana dispara dos, y en la tercera mañana dispara tres.

Cuando se hizo de noche, el muchacho emprendió el camino hacia el castillo negro. Sube que te sube, a medianoche pasó cerca de un cementerio. De las tumbas salieron tres muertos y le dijeron:

—¿Te animas a jugar con nosotros?

—¿Y por qué no? —contestó él—. Pero ¿a qué quieren jugar?

—A los bolos —dijeron los muertos.

—¿Pero dónde tienen ustedes los bolos?

Los muertos agarraron unos huesos y los pusieron parados en el suelo.

—Estos son nuestros bolos.

-¿Y la bocha? Yo no veo ninguna bocha.

Los muertos agarraron una calavera. —Esta es nuestra bocha. —Y comenzaron a jugar a los bolos.

—¿Te animas a jugar por plata?

—¡Claro que me animo!

El joven se puso a jugar a los bolos con la calavera y los huesos, y de veras que era muy hábil: ganaba siempre él y ganó toda la plata que tenían los muertos. Una vez que quedaron sin un centavo, los muertos quisieron la revancha y se jugaron los anillos y los dientes de oro, y siguió ganado el joven. Jugaron un partido más y después le dijeron: —Volviste a ganar, y nosotros no tenemos más nada que darte. Pero como las deudas de juego deben pagarse en seguida, te damos este brazo de muerto que está aquí desde más de quinientos años; está un poco seco, pero bien conservado, y te servirá más que una espada. Cualquier enemigo que alcances a tocar con este brazo, el brazo lo agarrará por el pecho y lo empujará al suelo hecho cadáver, aun si es un gigante.

Los muertos se fueron y dejaron al muchacho con ese brazo en la mano.

Prosiguiendo su camino, el muchacho llegó al castillo negro con el brazo de muerto escondido debajo de la capa. Subió las escaleras y entró en un salón. Había una gran mesa puesta, cargada de comida, pero las sillas tenían el respaldo dado vuelta hacia la mesa. Dejó todo como estaba, fue a la cocina, encendió el fuego, y se sentó cerca del hogar, teniendo el brazo de muerto en la mano. A medianoche oyó voces en la chimenea que gritaban:

¡Ya matamos a muchos,
ahora te toca a ti!
¡Ya matamos a muchos,
ahora te toca a ti!

Y ¡patapúfete!, de la chimenea bajó un brujo, y ¡patapúfete!, bajó otro, y ¡patapúfete!, el tercero, todos con caras tan feas que asustaban y con unas narices tan largas que se doblaban en el aire como brazos de pulpos tratando de agarrarse a las manos y a las piernas del joven. Él comprendió que por sobre todo tenía que cuidarse de esas narices, y comenzó a defenderse con el brazo de muerto, como si estuviera practicando esgrima. Con el brazo de muerto tocó a un brujo en el pecho, y nada. Tocó a otro en la cabeza, y nada. Al tercero lo tocó en la nariz y la mano de muerto agarró esa nariz y le dio un tirón tan fuerte que el brujo murió. El joven comprendió que la nariz de los brujos era peligrosa, pero que era también su punto vulnerable, y se puso a apuntar a la nariz. El brazo de muerto agarró por la nariz también al segundo y lo mató; lo mismo hizo con el tercero. El muchacho se frotó las manos y fue a dormir.

A la mañana siguiente subió a los merlones y disparó el cañón: “¡Bum!” Desde el bajo, en el pueblo donde todos estaban ansiosos, vio que agitaban miles y miles de pañuelos enlutados.

Cuando al anochecer volvió a entrar en el salón, encontró ya una parte de las sillas dadas vuelta y puestas en la posición justa. Y por las otras puertas entraron damas y damiselas tristes y vestidas de luto y le dijeron: —¡Resista, por piedad! ¡Devuélvanos la libertad! —Después se sentaron a la mesa y comieron. En seguida de cenar se fueron todas, con grandes reverencias. Él fue a la cocina, se sentó bajo la chimenea y esperó la medianoche. Cuando oyó la duodécima campanada, por la chimenea se oyeron nuevamente las voces:

¡Nos mataste a tres hermanos,
ahora te toca a ti!
¡Nos mataste a tres hermanos,
Ahora te toca a ti!

Y patapúfete, patapúfete, patapúfete, tres enormes brujos, con una nariz larguísima cayeron de la chimenea. El joven, esgrimiendo el brazo de muerto, no tardó en agarrarlos por la nariz y tenderlos en el suelo, hechos cadáveres los tres.

A la mañana siguiente disparó dos cañonazos: “¡Bum! ¡Bum!”, y allá a lo lejos, en el pueblo, vio agitarse muchos pañuelos blancos: les habían quitado el crespón enlutado.

La tercera noche encontró que las sillas dadas vuelta en el salón eran todavía más, y las jóvenes vestidas de negro entraron en mayor cantidad que la noche anterior. —¡Sólo por hoy! —le imploraron—, y nos liberarás a todas!—. Después comieron con él y se volvieron a ir. Y él se sentó en el mismo lugar de la cocina. A medianoche las voces que se pusieron a gritar en la chimenea parecían un coro:

¡Nos mataste a seis hermanos,
y ahora te toca a ti!
¡Nos mataste a seis hermanos,
y ahora te toca a ti!

Y patapúfete, patapúfete, patapúfete, patapúfete, cayó una lluvia de brujos que no terminaba más, todos con sus largas narices bien empinadas, pero el muchacho arremolinaba el brazo de muerto y tantos brujos llegaban, tantos mataba, y sin esfuerzo, porque bastaba que esa manaza reseca los tocara en la nariz para convertirlos en cadáveres. Se fue a dormir realmente satisfecho y, apenas el gallo cantó, todo en el castillo volvió a vivir y un cortejo de señoritas y damas nobles, con largos vestidos de cola, entraron en la cocina para agradecerle y reverenciarlo. En medio del cortejo avanzaba la Princesa. Al llegar frente al joven, el echó los brazos al cuello y dijo: —¡Quiero que seas mi esposo!

De a tres entraron los soldados liberados y le presentaron las armas.

—Suban a los merlones del castillo —ordenó el joven—, y disparen tres tiros de cañón—. Se oyó tronar el cañón y allá a lo lejos en el pueblo se vio cómo agitaban pañuelos amarillos, verdes, rojos, azules, y el eco de un sonido de trompetas y de tambores.

El muchacho descendió de la montaña encabezando el cortejo de la gente liberada y entró en el pueblo: los crespones negros habían desparecido y no se veían más que banderas y cintas coloradas que flameaban en el viento. Estaba el Rey esperándolos, con la corona enguirnaldada de flores. El mismo día fue celebrada la boda y hubo una fiesta tan grande que aún hoy se habla de ella.

Ilustración de Emanuele Luzzati para El Pájaro Belverde


Notas sobre los cuentos

  • Sobre “Garbancito y el buey”: Garbancito es chiquito, casi invisible: un personaje mágico que nos recuerda un pequeño Robin Hood, entre hombrecitos minúsculos y vacas enormes, es un juego de cajas chinas. La versión original, mucho más cruda, fue recogida en Florencia, Toscana.
  • Sobre “El brazo del muerto”: Este es un cuento en blanco y negro: el blanco de las montañas de donde es originario, el negro del humor macabro que lo recorre (Calvino anota haberlo acentuado) y que alude a los grandes motivos medioevales: el Destino, la Muerte, el Más Allá. Todo ello nucleado por ese número 3 cabalístico, que abarca a los vivos y a los muertos, a los soldados y a los civiles, a las apariciones y a las desapariciones. Sorprendentemente, luego de una panorámica que enfoca un auténtico pueblo de esta tierra, el final: en esplendoroso tecnicolor, con banderas que flamean al viento para saludar al joven héroe montañés. El rey, para la ocasión, lleva puesta una corona que es también una algarabía de colores. Narrado originariamente en idioma alemán, fuer recogido en el Trentino.

Ambos relatos fueron extraídos del libro El Pájaro Belverde y otras fábulas, de Italo Calvino con ilustraciones de Emanuele Luzzati (Buenos Aires, Ediciones Librerías Fausto, 1977).